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Trastorno de atracones

El Trastorno de Atracones se caracteriza por realizar ingestas de grandes cantidades de comida, o también comer con mucha frecuencia. A diferencia de la Bulimia no va seguido de una compensación, por lo que el aumento de peso es una de sus principales consecuencias. 

Los problemas derivados del sobrepeso repercuten sobre la salud ya que comportan aumento del riesgo cardiovascular, problemas articulares, digestivos, metabólicos, etc. Si estas consecuencias, o el sobrepeso, son grandes también acarrean inevitablemente otros problemas en las relaciones con el entorno.


En el atracón se come mucha cantidad y a gran velocidad. No se realiza tanto por hambre ni por gusto sino, sobre todo, por calmar la ansiedad. La velocidad en la ingesta suele ser notable; y predomina el tragar, dejando de lado el masticar, así como la cantidad de comida más que la elección de los alimentos se van a comer. Y lo caracteriza el que la persona tiene la sensación de que no lo puede parar, de modo que sólo lo finaliza porque se produce alguna interrupción o impedimento externos, o con bastante frecuencia por la imposibilidad fisiológica de ingerir más cantidad.


Todos los síntomas pueden tener una intensidad y frecuencia bastante variables, siendo frecuente que se presenten como a temporadas diferentes. Es posible que haya períodos en que se intenta seguir programas de adelgazamiento, que fácilmente se incumplen y pronto se interrumpen, pues se suele poner toda la expectativa en los procedimientos externos flojeando en la parte de esfuerzo personal que implica el cumplimiento del plan.


En el atracón culmina una conducta ansiosa e impulsiva que supone cierto grado de exceso y descontrol, que se puede extender a otras áreas de la vida: se puede presentar también en el beber, fumar, consumir drogas, compras compulsivas, hiperactividad, etc. Una vez transcurrida la calma que momentáneamente produce esa actividad excesiva, el grado de autorreproche por el descontrol y los efectos sobre el cuerpo, es variable y puede no ser elevado, siendo bastante notable la conformidad con los síntomas, y poco el reconocimiento del trastorno.


Lo más frecuente es estar pensando constantemente en comer, haciendo de la comida el centro de su preocupación. Esa avidez se puede extender también a otras actividades, como a las relaciones sociales, en las que son constantes los cambios, la dispersión y la dependencia, apareciendo fácilmente irritabilidad y quejas hacia otros, potenciadas por una importante dificultad para estar a solas.


El consabido ‘cambio de carácter’ se basa en una ansiedad de fondo bastante predominante, aunque no sea tan aparente ya que la comida etc. es su calmante. Los comportamientos impulsivos y ansiosos parecen buscar una satisfacción que se espera que provenga de conseguir algo externo (resultados, acontecimientos, relaciones, situaciones, etc.) pero que nunca termina de cumplir su expectativa. Es debido a una dificultad interna para manejarse con los propios deseos y para aceptar algunos límites; entonces se intenta por la vía del exceso, que se combina con cierta falta de control en algunos aspectos de su vida.


La iniciación de los tratamientos, pero más aún la persistencia en ellos, no resulta fácil, pues se está siempre rozando la decepción de la fantasía que se suelen hacer de que van a funcionar sin involucrarse ellos demasiado personalmente. Por ello siempre acuden antes a programas más coactivos (medicación, cirugía, ingresos, etc.) que a los psicológicos, que exigen más compromiso personal y una participación más profunda; en los tratamientos psicológicos hay que enfrentar también elementos problemáticos procedentes de su vida práctica que se han complicado debido a sus conductas inapropiadas.