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Detección de la anorexia

Lo más visible es el adelgazamiento del cuerpo, que puede darse en muchos grados, y a veces llega a extremos muy llamativos. Se llega a la pérdida de peso corporal por la disminución de las cantidades de comida, por la evitación de ciertos alimentos (sobre todo los más calóricos), por saltarse comidas cuando se tiene ocasión (y para lo que se buscan siempre coartadas), etc., (“anorexia restrictiva”); pero también por el vómito y el uso excesivo de laxantes y diuréticos (“anorexia purgativa”) y el ejercicio físico. La intensidad y las combinaciones son variables y se pueden presentar por temporadas.

Frecuentemente se inicia con la selección de alimentos, rechazando los que suponen que tienen más calorías, evitando en general las grasas y los dulces, y en particular la carne, y prefiriendo las frutas y sobre todo las verduras. Es típico el recurso constante a las ensaladas. La drástica reducción de lo que admiten comer, en algunos casos puede llevar a fijaciones caprichosas a determinados alimentos.

A veces se da un manejo extraño de los alimentos, como evitar el aceite al cocinar, el trocear todo excesivamente, etc. Casi siempre desarrollan diversidad de manipulaciones para tirar o esconder la comida y así evitar comerla sin que se note. Es más fácil de detectar por los rastros que puedan darse debido a la ocultación o eliminación de parte de su alimentación, de los vómitos (típicos después de las comidas), de la falta de menstruación, de los envases de laxantes, etc.

Parecen resistir o insensibilizarse al hambre con facilidad; palían las sensaciones de un estómago siempre muy vacío con el uso continuo de la consabida botella portátil de agua. Típicos son el constante frío que padecen por la alteración del metabolismo, y la escasa energía con que se mueven en general.

Bastante típicas son también las obsesiones por hacer ejercicio físico, de contar las calorías, de pesarse constantemente, de mirarse al espejo o tocarse parte del cuerpo (la tripa en especial) y observar cuánto les ciñe la ropa, como forma de control del riesgo de engordar.

En principio no quieren curarse; algunas veces hasta lo expresan tal cual. Necesitan mantener los síntomas, y por eso los ocultan y aprenden a disimular y mentir en todo lo relativo a éstos.

Suelen ser personas que manifiestan notable inteligencia y muy buenos rendimientos escolares o laborales, con gran autoexigencia en muchos aspectos; sensibles y con tendencia a responsabilizarse en exceso incluso de cosas muy ajenas. Esto les hace aparecer ante los demás como personas destacadas y hasta brillantes, lo que se convierte en una especie de fachada positiva que impide a los demás ver bien el sufrimiento oculto detrás. Tienden a vivir casi todo como una obligación, y fácilmente se angustian ante las dificultades, predominando un talante depresivo y una tendencia a ser reservadas, y a vecesa también a evitar los grupos numerosos de gente.

Entre los ‘cambios de carácter’ aparejados destaca el temor extremado a engordar, tan irracional como la distorsión visual de su propia imagen corporal. Su principal obsesión el lograr, o mantener, una extremada delgadez que nunca sienten alcanzar como suficiente. Es típica, y de lo más llamativa, la diferencia de apreciación del aspecto corporal que creen tener y el real («distorsión de la imagen corporal»). Este temor y la obsesión por adelgazar dan sentido a muchos de los pensamientos y comportamientos que llevan a cabo, tan lejos del sentido común.

En el fondo de todo ello hay una imagen propia, muy depositada en su cuerpo, pero que se extiende a casi todas las demás facetas personales, que siempre se ve y se siente muy negativa, aunque contradiga abiertamente la realidad. Tienen, pues, mucha inseguridad y dificultad para las decisiones; y les disminuye, o hasta desaparece, el deseo sexual. Contrasta con la necesidad de gran control para muchas de sus cosas y la obstinación que mantienen algunas veces. Viven con una obsesión de fondo de tener que autocorregirse y controlarse que les empuja a un exagerado perfeccionismo; llevarlo a cabo en los estudios o el trabajo, pero especialmente en su cuerpo, es casi lo único que les proporciona un poco de autoestima y resulta una tregua en sus sentimientos de angustia y depresión. Por eso les resulta tan indispensable mantener los síntomas.